Hacedores de Vida, Ministerio Hispano de Palm Lake Christian Church
Cuando allá se pase lista: Nuestra verdadera certeza en Cristo
- Por:
- Pastora Darlin Guevara
- Publicado:
- 29 de septiembre de 2026
- Categoría:
- Devocionales
Una canción que despierta la esperanza eterna
Muchos de nosotros crecimos escuchando o cantando las emotivas estrofas del tradicional himno cristiano: «Cuando allá se pase lista, a mi nombre yo feliz responderé». Es una melodía que evoca no solo nostalgia, sino una profunda verdad teológica que sostiene nuestra fe en los momentos de incertidumbre. En un mundo donde todo cambia, donde la salud vacila y las riquezas terrenales se desvanecen, surge una pregunta fundamental: ¿dónde está cimentada nuestra verdadera seguridad?
Lucas 10:20: El verdadero motivo de gozo
Para comprender el trasfondo bíblico de este himno, debemos acudir al Evangelio según San Lucas. En el capítulo 10, Jesús envía a setenta y dos discípulos a anunciar el Reino de Dios. Al regresar, los discípulos estaban eufóricos. Habían visto milagros asombrosos y experimentado la manifestación del poder de Dios. Dijeron con entusiasmo:
«Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre» (Lucas 10:17).
Sin embargo, la respuesta de Jesús redirige suavemente la atención de sus corazones de lo temporal a lo eterno:
«Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.» — Lucas 10:20
1. El contexto del gozo terrenal frente al gozo celestial
Los discípulos estaban gozosos por sus logros y por la autoridad experimentada en el ministerio. Aunque el servicio a Dios es noble, Jesús les recuerda que el éxito terrenal y las manifestaciones visibles no son la fuente suprema de nuestra identidad ni de nuestra seguridad. Las experiencias terrenales vienen y van, pero la salvación permanece.
2. «Están escritos»: Una obra perfecta de la gracia
En el idioma original del Nuevo Testamento , la frase «están escritos . utiliza un tiempo verbal perfecto pasivo. Esto indica una acción completada en el pasado con efectos continuos e permanentes en el presente. Nuestros nombres no están anotados con lápiz ni en hojas de papel que el tiempo destruye; están grabados por la gracia soberana de Dios a través del sacrificio de Jesucristo.
La fragilidad de la vida y la garantía de Cristo
Las Sagradas Escrituras nos recuerdan con frecuencia que la vida terrenal es frágil y breve. La Palabra nos compara con una neblina que aparece por un momento y luego se disipa (Santiago 4:14), o con la flor del campo que florece por la mañana y se seca al atardecer (Salmo 103:15-16). Pretender encontrar garantía, valor o permanencia exclusivamente en las cosas de este mundo es construir sobre arena movediza.
Frente a la brevedad de nuestra existencia terrenal, Jesucristo se presenta como nuestra única y absoluta garantía de vida eterna. No somos salvos por nuestros propios méritos, títulos o buenas obras, sino por la gracia inmerecida recibida mediante la fe (Efesios 2:8-9). Jesús es el Redentor que nos asegura que, al final del camino, no enfrentaremos el juicio en soledad, sino rodeados de su amor perdonador.
Viviendo hoy con la mirada en la eternidad
Saber que nuestro nombre está escrito en el Libro de la Vida no es un motivo para la pasividad, sino para una vida llena de gratitud, paz y propósito. Nos libera del temor al futuro y nos capacita para amar libremente a nuestro prójimo hoy.
En nuestra comunidad de Hacedores de Vida, nos reunimos cada domingo para celebrar esta maravillosa promesa. Al acercarnos juntos a la Mesa del Señor y participar de la Cena del Señor, recordamos la presencia espiritual de Cristo entre nosotros y proclamamos su muerte y resurrección hasta que Él vuelva.
Si hoy sientes que la vida terrenal te abruma o que las certezas de este mundo se tambalean, levanta tu mirada. En Cristo tienes la garantía eterna que nada ni nadie te podrá quitar. Te invitamos a acompañarnos este domingo a las 11:00 am servicio en ingles y 2:00 PM Servicio en Español en Palm Lake Christian Church para alabar juntos al Salvador y gozarnos en su gracia.