Descubre la inspiradora historia de fe detrás de nuestro ministerio de transporte y cómo un simple paso de obediencia transformó vidas en nuestra comunidad.
«Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia».
— Salmo 127:1
Todo gran proyecto en el reino de Dios comienza con una pregunta fundamental en el corazón de sus líderes: ¿Estará Dios edificando esta casa? ¿Será este plan realmente Suyo? Esta fue la misma pregunta que inquietaba el corazón de nuestro pastor Peter cuando Dios comenzó a sembrar una visión audaz para nuestra comunidad en Hacedores de vida ICDC.
La necesidad era evidente. En nuestra hermosa pero dispersa región de Florida, la distancia suele convertirse en una barrera invisible pero implacable. El pastor Peter observaba cómo muchas personas, especialmente nuestras queridas hermanas mayores o aquellos que no sabían manejar, se veían imposibilitados de llegar al templo para adorar juntos. Fue en ese momento de inquietud que el Señor depositó una revelación clara en su espíritu: la visión de un van de 14 pasajeros dedicado exclusivamente a recoger a las personas y traerlas a la casa de Dios.
El valor de los comienzos pequeños
Como visionario, el pastor Peter sabía que no podía detenerse a esperar que el recurso final cayera del cielo para poder actuar. La distancia no podía seguir siendo un obstáculo para que nuestra comunidad hispana se reuniera. Pero, ¿cómo empezar cuando aún no se tiene el vehículo prometido?
La respuesta fue la entrega y la fe práctica. Mientras la iglesia se unía en oración por la provisión del van, el pastor tomó una decisión que marcaría el ADN de este ministerio. Se acercó al altar y le dijo a Dios: «Señor, para este comienzo, te ofrezco mi propio auto». Con el firme pensamiento de que «nunca será tarde si hay un buen comienzo», el ministerio Puerta a Puerta se puso en marcha.
Al principio, los viajes eran modestos. A veces era una sola familia la que se beneficiaba; en ocasiones, el viaje entero se hacía para recoger a una sola hermana. Pero para Dios, el valor de una sola alma que anhela alabarle no tiene precio. No importaba la distancia ni el tamaño del grupo inicial; lo que importaba era que la casa se estaba edificando sobre la roca de la obediencia y el servicio al prójimo.
Cruzando fronteras por amor a la hermandad
Hoy, al mirar atrás, vemos con asombro cómo Dios ha respaldado este hermoso esfuerzo. Lo que comenzó en un auto particular se ha convertido en un testimonio vivo de la gracia divina. Cada domingo, nuestro ministerio Puerta a Puerta recorre millas de fe, recogiendo a nuestras amadas hermanas desde zonas como Columbus y Tampa, asegurando que nadie se quede atrás por falta de transporte.
Gracias a esta labor incansable de amor, nuestras hermanas y vecinos pueden unirse a nosotros cada domingo a las 2:00 PM (14:00) en St. Petersburg para celebrar el servicio dominical, participar de la Santa Cena y gozarse en la comunión de los santos. El esfuerzo de viajar por carretera se disipa en el momento en que nos abrazamos y adoramos juntos en un solo espíritu.
Tu nuevo comienzo está en las manos de Dios
Esta historia nos recuerda una verdad eterna para nuestras propias vidas: cualquier nuevo comienzo en tu vida —ya sea un proyecto, una restauración familiar, un nuevo trabajo o un paso de fe— será firmemente bendecido si permites que sea Dios quien edifique la casa. No esperes a tener todas las condiciones perfectas para empezar a servir o para buscar al Señor. Entrega lo que tienes hoy en tus manos, aunque te parezca poco, y observa cómo Él lo multiplica.
Queremos invitarte a ser parte de esta hermosa comunidad de Fe. Si la distancia o el transporte han sido un impedimento para que nos acompañes, recuerda que en Hacedores de vida ICDC las puertas —y las del coche de nuestro ministerio— están abiertas para ti. ¡Permítenos caminar contigo en este bendecido viaje de fe!